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La Hora Bruja

Plantas y piedras3 min de lectura

La mandrágora, entre la medicina y la leyenda

Su raíz parece un cuerpo humano, gritaba al arrancarla y mataba a quien la oyera. La mandrágora es la planta más legendaria de la brujería europea, y crece en el sur de la península.

La mandrágora es una planta pequeña, sin tallo, con una roseta de hojas grandes pegadas al suelo, flores violetas o blanquecinas y unos frutos amarillos que huelen a manzana. Lo que la ha hecho famosa está bajo tierra: una raíz gruesa que a menudo se divide en dos, como unas piernas, y que con un poco de imaginación parece un cuerpo humano.

En la península ibérica crece sobre todo la mandrágora otoñal (Mandragora autumnalis), en el sur y el oeste, en Andalucía, Extremadura o el Algarve, en terrenos removidos y bordes de caminos. Florece en otoño e invierno.

En la Biblia

La mandrágora aparece en el libro del Génesis: Raquel, que no podía tener hijos, le pide a su hermana Lía las mandrágoras que había encontrado su hijo Rubén en el campo, y a cambio le cede una noche con Jacob. Desde entonces se asoció a la fertilidad y al amor, y se usó durante siglos en filtros amorosos.

El grito y el perro

La leyenda más famosa dice que la mandrágora grita al ser arrancada, y que quien oye su grito muere o enloquece. Para recogerla, había que excavar alrededor de la raíz, atarla a un perro, taparse los oídos y llamar al perro desde lejos: el animal tiraba, arrancaba la planta y moría en su lugar. Versiones de esta historia aparecen desde la Antigüedad (el historiador Flavio Josefo cuenta algo parecido de una raíz misteriosa en el siglo I) y se repiten en los herbarios medievales, que dibujan la mandrágora como un hombrecillo o una mujercita con hojas en la cabeza.

También se decía que nacía bajo los patíbulos, del semen o la orina de los ahorcados.

Una medicina de verdad

Detrás de la leyenda hay una planta con efectos muy reales. La mandrágora contiene alcaloides como la escopolamina y la hiosciamina, los mismos de la belladona y el beleño, que provocan sueño profundo, alivian el dolor y, en dosis mayores, producen delirio y alucinaciones. En la Antigüedad y la Edad Media se usó como anestésico: los cirujanos empapaban una esponja en una mezcla de mandrágora, opio y otras plantas (la spongia somnifera) y se la daban a oler al paciente.

Por eso aparece entre los ingredientes que los autores del siglo XVI atribuían a los ungüentos de las brujas, como contamos en por qué las brujas vuelan en escoba.

Las falsas mandrágoras

Como la mandrágora verdadera era escasa en el centro y el norte de Europa, en la Edad Media se vendían muchas falsificaciones. La más común se hacía con la raíz de la nueza (Bryonia), una enredadera muy común, que se tallaba con forma humana, a veces se le plantaban granos de cereal en la cabeza para que «le saliera pelo», y se vendía cara como amuleto de fortuna. En Alemania, esos amuletos se llamaban alraun y se guardaban en cajitas, vestidos con ropas.

Por qué no usarla

Toda la mandrágora es tóxica, sobre todo la raíz. Los síntomas de intoxicación incluyen visión borrosa, sequedad de boca, taquicardia, confusión y, en casos graves, coma. Se han documentado intoxicaciones en el Mediterráneo por confundir sus hojas con las de la borraja o la acelga silvestre.

Si te atrae su simbolismo, hay formas seguras de acercarse a ella: un grabado antiguo, una figura tallada en madera o, simplemente, su historia. La raíz de verdad es mejor dejarla donde está.

La mandrágora que gritaba al arrancarla era, en realidad, uno de los primeros anestésicos de la historia.

Escrito por el equipo de La Hora Bruja. Las fechas de la luna y las cifras están calculadas para este artículo, y los datos históricos, contrastados con sus fuentes. Cómo escribimos el diario.

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