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La Hora Bruja

Brujas y tradiciones3 min de lectura

«Habelas, hainas»: las meigas de Galicia

En Galicia no todas las brujas son iguales. Una meiga puede curarte, una bruxa puede hacerte daño y una meiga chuchona puede chuparte la sangre. El mundo mágico gallego es uno de los más ricos de Europa.

La frase más citada sobre la brujería gallega, «eu non creo nas meigas, mais habelas, hainas» (yo no creo en las meigas, pero haberlas, haylas), no tiene un origen documentado. Circula al menos desde el siglo XX, y versiones parecidas existen en castellano desde antes. Resume bien una actitud: la de un mundo rural que no se tomaba la magia como una religión, pero tampoco la descartaba.

Meigas, bruxas y otras figuras

En el gallego popular, las palabras no significaban exactamente lo mismo:

  • La meiga era, en muchas zonas, una mujer con saberes: conocía las plantas, quitaba el mal de ojo, leía el futuro o encontraba objetos perdidos. Podía ser temida, pero también se la buscaba. Había meigas especializadas, como las agoreiras, que adivinaban.
  • La bruxa era la que hacía daño de verdad: la que echaba el mal de ojo, secaba el ganado o se reunía con el demonio. En la tradición, una bruxa nacía con su poder y una meiga lo aprendía.
  • La meiga chuchona era la más temida: una bruja que de noche entraba en las casas en forma de mosca o de mariposa y chupaba la sangre de los niños, que amanecían pálidos y enfermos. Era la explicación popular de muertes infantiles que hoy atribuiríamos a enfermedades.
  • La curandeira o menciñeira curaba con plantas, rezos y gestos, sin fama de bruja. Lo contamos en curanderas, santiguadoras y saludadores.

La Santa Compaña

La figura más famosa del mundo mágico gallego no es una bruja, sino una procesión de difuntos. La Santa Compaña recorre de noche los caminos, con velas que solo se ven como luces y un olor a cera. La encabeza un vivo, condenado a llevar la cruz y el caldero de agua bendita hasta que encuentre a otro que le releve.

Si te cruzabas con ella, la tradición recomendaba trazar un círculo en el suelo y meterse dentro, o tumbarse boca abajo hasta que pasara, y no aceptar nunca la cruz que te ofrecieran. Leyendas parecidas existen en Asturias (la Güestia) y en otras partes de Europa.

Por qué Galicia es tan «mágica»

Hay varias razones. La dispersión de la población en miles de pequeñas aldeas, el aislamiento durante siglos, la importancia de la emigración y del mar (con tantas muertes lejos de casa) y una Iglesia que convivió con prácticas populares sin erradicarlas. Además, en el siglo XIX y XX, escritores como Emilia Pardo Bazán, Valle-Inclán o Álvaro Cunqueiro convirtieron ese mundo en literatura, y lo fijaron en la imaginación de todo el país.

Curiosamente, Galicia apenas tuvo procesos de brujería con condenas a muerte: el tribunal de la Inquisición de Santiago juzgó muchos casos de supersticiones y hechicería, pero los castigos solían ser penitencias, multas o destierros.

Las meigas hoy

Hoy las meigas son, sobre todo, un símbolo de identidad y un reclamo turístico, con muñecas de meigas en cada tienda de recuerdos de Santiago. Pero quedan restos vivos de aquel mundo: personas que todavía «quitan el aire» o el mal de ojo, familias que pasan la noche de San Juan recogiendo las herbas y el conxuro de la queimada, recitado en cada fiesta.

En la Galicia tradicional, una meiga podía ayudarte. Las que había que temer eran las bruxas.

Escrito por el equipo de La Hora Bruja. Las fechas de la luna y las cifras están calculadas para este artículo, y los datos históricos, contrastados con sus fuentes. Cómo escribimos el diario.

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