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La Hora Bruja

Brujas y tradiciones3 min de lectura

Samhain, Halloween, Todos los Santos y el Magosto

Se dice que Halloween es una moda americana. En realidad es una fiesta irlandesa que viajó a América y volvió. Y en Galicia, antes de que llegaran las calabazas de plástico, ya se vaciaban calabazas en la noche de los difuntos.

Las noches del 31 de octubre y el 1 y 2 de noviembre reúnen tres tradiciones distintas que se han ido mezclando durante más de mil años: una fiesta celta de final del verano, una fiesta cristiana de los santos y los difuntos, y una costumbre popular de disfraces y luces que viajó de Irlanda a Estados Unidos.

Samhain: el final del verano

En la Irlanda medieval, Samhain (que se pronuncia algo así como «sáuin») era la fiesta del 1 de noviembre, que marcaba el final de la estación de las cosechas y el principio de la mitad oscura del año. Los textos irlandeses medievales la describen como un momento de reuniones, de deudas que se saldan y de contacto con el otro mundo: la noche en que los seres del sídhe, las colinas mágicas, podían cruzar al mundo de los vivos.

Mucho de lo que se dice hoy sobre Samhain (sacrificios druídicos, el «dios de la muerte» Samhain) es invención del siglo XVIII y XIX. Lo que sí se sabe es que era una fiesta importante de inicio de invierno, con hogueras y banquetes.

Todos los Santos y los Difuntos

En el siglo IX, el papa Gregorio IV extendió a toda la Iglesia la fiesta de Todos los Santos, el 1 de noviembre. Dos siglos después, la abadía de Cluny empezó a dedicar el 2 de noviembre a todos los difuntos. La víspera, All Hallows' Eve en inglés, es el origen de la palabra Halloween.

De Irlanda a América, y vuelta

En Irlanda y Escocia, la víspera de Todos los Santos se celebraba con disfraces, con niños que iban de casa en casa pidiendo comida a cambio de canciones o rezos, y con linternas talladas en nabos, no en calabazas. Los emigrantes irlandeses del siglo XIX llevaron la fiesta a Estados Unidos, donde descubrieron que la calabaza americana era mucho más fácil de vaciar. Desde allí, a través del cine y la televisión, volvió a Europa en el siglo XX.

En España: el Tenorio y las castañas

En España, la noche de los difuntos tenía sus propias costumbres. Durante más de un siglo fue tradición representar el Don Juan Tenorio de José Zorrilla (1844), con su escena en el cementerio, en los teatros de todo el país el 1 de noviembre. Se comían buñuelos y huesos de santo, se visitaban los cementerios y se encendían velas por los difuntos de la familia.

En el noroeste, el otoño es la estación del Magosto: en Galicia, Asturias y El Bierzo, se asan castañas al fuego en grupo, se bebe vino nuevo y se hace fiesta alrededor de la hoguera, en torno al 11 de noviembre, San Martín. Se decía que cada castaña que se comía liberaba un alma del purgatorio.

El Samaín gallego

En Galicia había una costumbre muy parecida a la irlandesa: vaciar calabazas o nabos, tallarles una cara, ponerles una vela dentro y dejarlas en los caminos para asustar. En los años noventa, el profesor Rafael Lema empezó a recuperarla en Cedeira, en A Coruña, con el nombre de Samaín, y hoy se celebra en muchos pueblos gallegos como una alternativa propia al Halloween americano.

México: el Día de Muertos

En México, las mismas fechas se celebran con el Día de Muertos, de raíz indígena y cristiana a la vez: altares con fotografías, flores de cempasúchil, velas, pan de muerto y la comida favorita de los difuntos, que vuelven a visitar a su familia. La UNESCO lo declaró Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en 2003.

Halloween no es una moda americana: es una fiesta irlandesa que viajó a América con los emigrantes y volvió a Europa por la televisión.

Si te apetece celebrarlo con un gesto propio, el ritual de Samhain propone una vela en la ventana para los que ya no están y una forma de cerrar el año antes del invierno.

Escrito por el equipo de La Hora Bruja. Las fechas de la luna y las cifras están calculadas para este artículo, y los datos históricos, contrastados con sus fuentes. Cómo escribimos el diario.

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