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La Hora Bruja

La baraja con lupa3 min de lectura

Las montañas del fondo

En muchas cartas, al fondo, hay montañas. Casi nadie las mira, pero dicen algo importante: dónde está la meta y lo lejos que queda.

Las montañas son el elemento más discreto de la baraja de 1909. Están en el fondo de muchas cartas, pintadas con dos o tres líneas, y casi nunca son lo primero que miramos. Pero cuando te fijas en ellas, ves que cumplen un papel: son el horizonte, el lugar al que se va, la dificultad que hay que superar.

Las montañas que se ven desde abajo

  • El Loco. Detrás del Loco, unos picos nevados. Él no los mira: mira hacia arriba, al cielo, mientras camina hacia el precipicio. Las montañas son todo el viaje que le queda por delante.
  • La Templanza. Un sendero sale del estanque y sube hacia dos montañas, entre las que brilla una luz. Es el camino que se abre después del reajuste.
  • La Luna. Entre las dos torres, el camino se pierde hacia unas montañas. La meta existe, pero está lejos y de noche.
  • Ocho de Copas. La figura camina hacia unas montañas, de noche, dejando atrás sus copas.

En todas, la montaña es a donde se va.

La montaña desde arriba

El Ermitaño, baraja de 1909
El Ermitaño. El Ermitaño no mira las montañas: está en lo alto de una.

Hay una sola carta en la que la figura ya está en la cumbre: el Ermitaño. El Ermitaño está de pie en lo alto de una montaña nevada, con su farol, y mira hacia abajo. Es la única carta en la que la montaña no es una meta, sino un lugar desde el que se ve.

Si el Loco es el principio del viaje con las montañas al fondo, el Ermitaño es quien ha subido y ahora ilumina el camino para los demás. Esa soledad elegida se entiende mejor en el Ermitaño en el amor.

Las montañas que separan

  • Los Enamorados. Una sola montaña se alza entre el hombre y la mujer, justo en el centro. Separa y une al mismo tiempo.
  • El Emperador. Detrás del trono del Emperador, unas montañas áridas, sin vegetación. Su poder es firme, pero estéril.
  • El Juicio. Al fondo, unas montañas nevadas detrás de las figuras que resucitan.

Las montañas lejanas de los menores

En las cartas menores, las montañas suelen estar lejísimos, como un detalle de paisaje: detrás del As de Espadas, a través del arco de seto del As de Oros, al fondo de la Reina de Oros o detrás de la Sota de Oros. Son horizontes amables: algo a lo que se puede llegar.

La meta lejana en una tirada

Si en una tirada aparecen varias cartas con montañas al fondo, la situación tiene una meta lejana: algo que todavía está por alcanzar y que pide paciencia. Si te sale el Ermitaño, en cambio, ya has llegado a algún sitio, y lo que toca es mirar el camino recorrido.

El Loco mira las montañas desde abajo. El Ermitaño, desde arriba.

Escrito por el equipo de La Hora Bruja a partir de las 78 ilustraciones originales de 1909. Cada detalle de las cartas está comprobado sobre la imagen, y las cifras, calculadas. Cómo escribimos el diario.

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